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Participacion de espana en la guerra de irak

El atentado de Barcelona: Cómo la guerra de Irak está relacionada con el estallido del terror islamista en España

El profesor Reinares argumentó que, al igual que no existía una relación causal entre la guerra de Irak y el 11 de marzo, también es una simplificación interpretar los resultados de las elecciones españolas del 14 de marzo como un signo de blandura frente al terrorismo y que forzaron la retirada española de Irak. Señaló que las declaraciones de los medios de comunicación internacionales y de funcionarios de Estados Unidos y otros países reflejan esta opinión. Reinares señaló que, aunque el 90% de los españoles se oponía a la guerra, el cambio del Partido Popular en el poder hacia los socialistas tras el 11-S fue sólo de un 5-7%.

Atribuyó ese cambio al esfuerzo poco sincero del gobierno por culpar a ETA del atentado antes de las elecciones, aunque las pruebas apuntaron rápidamente a Al Qaeda como probable responsable. Además, la promesa de los socialistas de retirar las fuerzas del país de Irak antes del 11-S estuvo motivada, en parte, por la conducta de mano dura del gobierno de Aznar, que había comprometido a las fuerzas españolas en la intervención liderada por Estados Unidos sin someterla a votación parlamentaria. Nadie en España veía a Irak como un frente importante en la guerra contra el terrorismo.

Por otra parte, aunque el gobierno español se ha retirado de Irak, ha aumentado su contingente militar en Afganistán de 800 a 1800. Sin embargo, el primer ministro australiano, John Howard, firme partidario de la línea estadounidense en Irak, ha condenado la decisión de España de retirarse y ha prometido mantener las fuerzas australianas en la región. Canberra tiene 850 soldados en Irak y sus alrededores.

El 15 de febrero de 2003, más de un millón de personas salieron a las calles de Barcelona y Madrid para manifestarse contra la guerra de Irak. El 22 de marzo de 2011, el parlamento español aprobó la participación de las tropas españolas en la intervención en Libia con el 99% de los votos a favor. Más allá de diferencias tan básicas como la legitimidad otorgada a la intervención con la Resolución 1973 de 2011 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y el respaldo del parlamento español a la participación de las Fuerzas Armadas, la operación militar en Libia difiere mucho de la de Irak por su propio objetivo: proteger a los civiles de un ataque militar de su propio gobierno.

Esto supone ir más allá del principio de no injerencia en los asuntos internos de un país porque queda superado por el de la responsabilidad de proteger. En este sentido, Libia abre el camino para que este axioma penetre en la conciencia de la opinión pública española en mayor medida que hasta ahora. A falta de encuestas que puedan cuantificar el apoyo de la opinión pública a la intervención en Libia, parece que la sociedad española está de acuerdo con la decisión adoptada por el Gobierno.

Al menos, así parece ser si se juzga por la escasa movilización de manifestantes en las calles y el amplio apoyo dado por los partidos políticos con representación parlamentaria. Podría haber ocurrido que, aunque el pueblo español esté de acuerdo en que hay que impedir que Muamar el Gadafi ataque a la población civil, el apoyo a la participación de las tropas españolas en la operación militar no hubiera sido tan amplio. Tradicionalmente, la postura de la opinión pública española en materia de política exterior se ha encuadrado en la categoría de «palomas» o pacifistas y se ha caracterizado principalmente por el desacuerdo con cualquier intervención militar, el reconocimiento de la importancia de la acción humanitaria y la ayuda económica, la falta de apoyo a cualquier aumento del presupuesto militar y la falta de disposición a apoyar el uso de la fuerza sin una resolución de Naciones Unidas.

Tal y como se desprende de los datos ofrecidos por Transatlantic Trends en 2003, en plena guerra de Irak, el 54% de los españoles se definía en estos términos. Un buen ejemplo de ello es la clara correlación negativa que muestran las encuestas de opinión entre el apoyo a una misión militar internacional y la sensación de peligro asociada a la misma. Mientras el 48% de la población está a favor de la retirada de las tropas españolas de Afganistán, sólo el 20% apoya la retirada de las misiones en el Índico EUTM Somalia y EUNAVFOR-Atalanta, según el último Barómetro del Real Instituto Elcano.

Además, podría añadirse el factor económico como una de las posibles razones de las reticencias de algunos a una mayor implicación de las Fuerzas Armadas españolas en misiones internacionales. Es decir, el coste previsto de unos 25 millones de euros para la intervención militar española en Libia, precisamente en este momento de aguda crisis económica, podría ser visto como un despilfarroIndicando que Irak posee importantes y atractivas calificaciones, entre ellas la ubicación geográfica, la abundancia de recursos y la joven energía humana, tras lo cual viene la Ley de Inversiones nº 13 de 2006 y sus modificaciones, que es la mejor de su clase en cuanto a las facilidades que pone ante el inversor, elogiando la fuerte relación bilateral a nivel político a lo largo de siete décadas y la participación de España en la coalición Global en la guerra contra Da’esh , y