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El nino y la ciencia francesco tonucci

Autor | Tania Alonso En mayo de 1991, el ayuntamiento de Fano, Italia, organizó una semana dedicada a los niños, que cambiaría la ciudad para siempre. Niños y expertos participaron en conferencias, exposiciones y reuniones, todo ello en torno a un punto común: la idea de convertir a los niños en el centro de las políticas. El último día, un domingo, se cerraron las calles al tráfico para que los niños pudieran jugar, proyecto que pudieron llevar a cabo con la ayuda de Francesco Tonucci, psicólogo educativo, pensador e ilustrador local.

Cuando el ayuntamiento decidió que se repitiera el evento, Francesco Tonucci aceptó, con la condición de que la iniciativa debía tener continuidad en el tiempo, y no ser un evento puntual.Así comenzó La Ciudad de los Niños, un proyecto destinado a convertir a los niños en el centro de la ciudad y del urbanismo. Una solución que ha servido para transformar radicalmente las ciudades. Casi 30 años después de la primera experiencia en Fano, más de 200 ciudades de todo el mundo participan ya en la red, otorgando a los niños un papel activo en la gobernanza y devolviéndoles el espacio urbano que necesitan para disfrutar de su ciudad igual que los adultos.

Francesco Tonucci se licenció en Pedagogía en 1963, en la Universidad Católica de Milán. A los 28 años recibió su primer reconocimiento en este campo y comenzó a criticar la realidad de la escuela. Dirige sus opiniones al modelo de enseñanza actual, con el que la escuela enseña a los niños en sus primeros años, «es un modelo que parte del hecho de que el niño no sabe nada y que ve el proceso de desarrollo infantil de forma progresiva, es decir, que va de menos a más».

Para esta concepción del modelo «lo importante está por venir», «hoy se cree que el aprendizaje formal se da a partir de los ocho años». «Actualmente la escuela concibe el aprendizaje de forma progresiva y gradual, lo que deja al niño con muy poco espacio para expresarse y crear. El niño no vale por lo que es sino por lo que será.

La educación se entiende como una inversión en el futuro», y según Tonucci esto no debería ser así. Expresarse a través del teatro o la música, por ejemplo, es un gran activo y más aún en los niños, permitiéndoles desarrollar la autoexpresión, promover la interacción con los demás, favorecer la expresión emocional o reforzar la autoestima entre un sinfín de beneficios ya demostrados científicamente. Francesco destaca la importancia de escuchar las necesidades de los niños en la familia y en la escuela.

La tarea de escuchar las necesidades puede ser una de las más importantes para que, partiendo del respeto, se escuchen no sólo las necesidades sino también las experiencias que llevan a crear aprendizajes. Esta idea está claramente reflejada en la convención de los derechos humanos de los niños donde se dice que hay que tener en cuenta sus opiniones y para ello hay que escucharlos. No sólo hay que educarles para que busquen la felicidad, sino también para que sepan que todo problema tiene muchas soluciones.

Tonucci promueve la filosofía de permitirles ser libres y también, hacerles capaces de hacer, sentir y expresar. Y capaces de hacer, sentir y expresar son todos los niños sin excluir a ninguno, por eso es importante crear una escuela inclusiva y abierta que reciba y acoja las inteligencias múltiples y las diferencias. Además, también es importante entender y transmitir la escuela como un lugar para cooperar y no competir, ya que la competitividad no es una forma sana de vivir.

Utilizando la música un lenguaje que mencionaba al principio como herramienta de inclusión en las escuelas, seríamos capaces de eliminar muchas barreras y que el vuelo de los niños sea cada vez más alto, autónomo y libre. Tonucci promueve la filosofía de permitirles ser libres y también, hacerlos capaces de hacer, sentir y expresar. Y capaces de hacer, sentir y expresar son todos los niños sin excluir a ninguno, por eso es importante crear una escuela inclusiva y abierta que reciba y acoja las inteligencias múltiples y las diferencias.

Además, también es importante entender y transmitir la escuela como un lugar para cooperar y no competir, ya que la competitividad no es una forma sana de vivir. Utilizando la música un lenguaje que mencionaba al principio como herramienta de inclusión en las escuelas, seríamos capaces de eliminar muchas barreras y que el vuelo de los niños sea cada vez más alto, autónomo y libre. Tonucci promueve la filosofía de permitirles ser libres y también, hacerlos capaces de hacer, sentir y expresar.

Y capaces de hacer, sentir y expresar son todos los niños sin excluir a ninguno, por eso es importante crear una escuela inclusiva y abierta que reciba y acoja las inteligencias múltiples y las diferencias. Además, también es importante entender y transmitir la escuela como un lugar para cooperar y no competir, ya que la competitividad no es